Conmutado

La cerámica posee una cualidad contradictoria que transformó mi manera de comprender la materia: mientras una pieza cocida puede permanecer durante siglos, la arcilla en su estado previo a la cocción mantiene la posibilidad de regresar nuevamente a su origen y ser reutilizada infinitamente. Esta condición entre permanencia y transformación despertó mi interés por explorar la relación entre creación, desapego e impermanencia.

Desde mi práctica artística colectiva en Nortejiendo, el desapego ha sido un concepto presente durante años como parte del proceso creativo: aprender a deshacer, modificar o abandonar horas de trabajo en favor de nuevas posibilidades. Sin embargo, al comenzar mi exploración individual dentro de la cerámica, comprendí que este concepto todavía tenía nuevas dimensiones por revelar. El desapego no solamente implicaba renunciar a una idea inicial o aceptar que una pieza no cumple su propósito inicial, sino también abrirnos a la posibilidad de que aquello que se deja atrás continúe transformándose y adquiera un nuevo significado.

Conmutado surge de esta reflexión, a partir de un cuenco de arcilla que dejó de ser una pieza destinada a cumplir su intención inicial para convertirse en un ejercicio de aceptación y transformación, que invita a pensar en el intercambio simbólico entre la práctica artística y la materia.

Descripción

Durante mis primeras aproximaciones a la cerámica, guiado por la artista chihuahuense Gabriela Híjar, experimenté con las cuatro formas básicas de modelado de la arcilla. En uno de estos ejercicios, utilizando la técnica de enrollado o rollos, decidí crear un cuenco con pequeñas perforaciones que posteriormente permitirían una intervención textil.

La intención de combinar ambos materiales surgió de mi interés por vincular la cerámica con mi trayectoria previa dentro de las prácticas textiles; sin embargo, debido a la cercanía entre los orificios realizados, el proceso de secado provocó tensiones en la pieza que generaron grietas y debilitaron su estructura. Al observar el resultado, era evidente que el cuenco difícilmente podría cumplir con la idea original de ser intervenido con tejido.

Tras dialogarlo con mi maestra, decidimos conservar la incertidumbre sobre lo que ocurriría durante la cocción, dejando abierta la posibilidad de que la pieza resistiera o terminara transformándose en otra cosa. Durante varias semanas mantuve la pieza sin cocer hasta que, dentro del primer módulo del programa “Caja de Herramientas” (Proyecto Plexo, 2025), surgió una reflexión que modificaría su destino.

En uno de los módulos, se abordó el concepto del "Kusōzu", una tradición artística japonesa basada en la representación de las nueve etapas de descomposición de un cuerpo como una forma de contemplación sobre la transitoriedad de la existencia. Estas imágenes muestran el proceso gradual de transformación de un cuerpo hasta su integración con el entorno, invitando a reflexionar sobre la impermanencia.

Como ejercicio final del módulo, cada participante debía elegir un elemento propio para realizar una acción de descomposición dentro de un espacio natural. Recordando el cuenco que permanecía sin cocer apartado en el taller, decidí utilizar esta pieza como una oportunidad para practicar el desapego desde una nueva perspectiva: en lugar de conservarla esperando que cumpliera su propósito inicial, elegí devolverla al entorno aun sabiendo que todavía existía una posibilidad de que pudiera funcionar.

La acción se realizó en los Ojos del Chuviscar, un espacio natural cercano a la ciudad de Chihuahua que da origen al río Chuviscar. Coloqué el cuenco dentro de un charco que encontré, lo que provocó que la arcilla se hidratara, desintegrándose por completo en cuestión de minutos, hasta unirse a los sedimentos en el agua.

Meses después regresé al sitio para recolectar arcilla natural para empezar unos experimentos cerámicos. Para mi sorpresa, encontré los restos del cuenco aún parcialmente reconocibles, como los huesos de un cuerpo en descomposición que permanecen antes de integrarse completamente con la tierra.

Al mismo tiempo, descubrí una abundante presencia de arcilla natural en ese mismo espacio, lo que interpreté como una respuesta simbólica del entorno ante la acción realizada: aquello que había devuelto a la tierra como un acto de desapego aparecía como una nueva posibilidad de creación.

Decidí no recuperar los restos de la pieza, respetando el sentido de la acción y permitiendo que el proceso continuara hasta su integración completa con el entorno. “Conmutado” representa así un intercambio entre materia y naturaleza, donde el aparente descarte se transforma en aprendizaje y donde la pérdida deja de ser un final para convertirse en una nueva forma de origen.

Créditos

* Fotografía: Oscar Solis.

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